Sorprende que un gobierno democrático, con todas las dificultades que supone aplicar el término a un subcontinente como el hindú, esté exigiendo a Blackberry el control de sus servidores.
Mientras se circunscribía a dictaduras como China, Irán o Venezuela, esto entraba en la lógica, pero que sea una de las democracias más pobladas del mundo, es más que preocupante.
En el fondo, es lo que desearían hacer muchos otros gobiernos, ya le hubiese gustado al de EEUU evitar que se publicasen los informes secretos sobre la guerra de Afganistan.
Y es que en esta nueva era del conocimiento, la principal fuente de ingresos y de poder esta en la información, de ahí la tentación de caer en el Gran Hermano de Orwell.
Los intereses en juego son tan grandes, que el hecho de que exista un espacio incontrolado, donde cada persona es capaz de convertirse en gurú, periodista, denunciante, y eso se pueda comunicar al mundo en cuestión de horas, sin censuras, controles ni presiones, asusta a muchos y disgusta a los poderes, tanto públicos como privados, que ven su posición erosionada día a día.
Pongamos un ejemplo, antes si un empleado quería denunciar malas prácticas de su empresa, debía encontrar un medio de comunicación dispuesto a publicar la noticia. El medio, antes de hacerlo, además de por supuesto, verificar los hechos, se plantearía muy mucho el lanzarse, sopesando lo que la empresa y otras del entorno suponían para su propio negocio.
Ahora, bastará con que lo escriba en un blog o lo publique en otro de alguien conocido, a poco que prenda la mecha, en cuestión de horas la denuncia será replicada en cientos de sitios, y encima sin verificar. Para cuando quiera reaccionar la empresa, por muy poderosa que sea, no podrá parar el movimiento.
Eso es lo que asusta a los gobiernos y grandes empresas, y por eso la tentación; presiones, amenazas con temas como la seguridad nacional, vigilancia de lo que ocurre, y constantes normas que intentan controlar, lo que en su esencia es incontrolable.




