Al final tenía que pasar. Guerra de precios, cierre de empresas y locales, aumento del paro con el consiguiente recorte de gastos.

 

En varios medios se presenta como la primera caída en varios años, pero yo sostengo que en realidad y a pesar de las estadísticas oficiales, las perdidas ya empezaron el año pasado.

 

Son múltiples las compañías que a pesar de recibir la notificación de no renovación de un seguros y el consiguiente impago, han preferido mantenerlos como gestión de cobro. Se mantiene con ello una ficción de volumen de negocio artificial que altera todos los ratios, el de solvencia, el de siniestros sobre primas, el de primas por empleado, etc.

 

Al fin y al cabo si los bancos ocultan sus verdaderas pérdidas refinanciando operaciones inmobiliarias imposibles, para no tener que reconocerlas en los balances, nosotros mantenemos nuestra propia ficción contable, que por cierto no se limita solo a no anular recibos incobrables sino que también se detecta una clara actitud de alargamiento de los plazos en indemnizar los siniestros, lo cual es mucho más preocupante, pues merma lo más esencial de nuestro negocio, la confianza.