Como cada año se ha celebrado la entrega de premios
por detección de fraudes. Se ha constatado, como no podía ser de otra forma, que la crisis ha supuesto un importante aumento de los mismos y que el esfuerzo de las compañías conlleva un importante ahorro, que a la larga se traduce en un bien para el colectivo, pues si no se detectasen, acabarán por suponer un incremento generalizado de los precios, que pagaríamos todos.
A este capítulo se dedican cada año, mayores cantidades de dinero, pues la compañía para declarar un fraude debe tener fuertes pruebas, no bastando con la simple convicción.
Sorprende, o por lo menos a mí, que la misma energía no se dedique al recobro de los perjuicios que les supone un siniestro causado por otro y cubierto por otra compañía.
Me consta, puesto que antes de ser corredor estuve en compañía, que son miles los siniestros indemnizados o reparados que luego no se repercuten contra el seguro del causante o contra el propio causante directamente. No recuerdo, aunque puede que haya habido alguna ocasión, en que me haya llamado un cliente, indicándome que la compañía de su vecino le reclama por un siniestro causado.
Sinceramente no lo entiendo, tan importante es detectar fraudes como recobrar y probablemente en la mayoría de los casos más barato.




