Desde hace unos meses, Obama se encuentra en plena guerra de trincheras para extender el sistema de salud a unos cincuenta millones de personas que oficialmente se encuentran fuera del mismo.
La reciente muerte de Kennedy, era presentada entre otros aspectos, como un problema para los demócratas para poder aprobar la medida, porque perdían la mayoría necesaria en el Senado.
Lo que me llama la atención, es la resistencia de amplísimos sectores de la población a estas medidas, que en Europa consideramos como absolutamente naturales e indiscutidas. Es más, se crean acuerdos de colaboración transfronteriza, para atender a los nacionales de otros países con el fin de no dejar nunca a nadie fuera del sistema.
Muchas de las noticias que nos llegan, presenta a las compañías de seguros del ramo como las culpables de que no se apruebe la medida. Son presentadas como grupo de presión insensible, inhumano, capaces de cualquier cosa por mantener sus beneficios, con poder suficiente de manipular los resortes del estado.
Como es sabido, los políticos en EEUU, dependen mucho más de sus votantes que de su partido y es muy habitual que congresistas o senadores voten en contra de su partido, cuando la medida va en contra de los intereses de su zona. También es cierto que las empresas privadas, a través de los lobbys, ejercen su influencia, presionan, piden y buscan las medidas que favorezcan su situación.
Pongamos que es cierto, que la industria aseguradora logra presionar lo suficiente a los políticos, pero eso no justifica que la popularidad del presidente esté en mínimos desde su nombramiento, precisamente por esta medida y además, en plena crisis, con record de parados cercano al 10%.
No me puedo creer que los americanos sean tan tontos de preferir tener que pagar cantidades ciertamente muy importantes para el seguro de salud, frente a opciones más universales y aparentemente más baratas.
Pero es un hecho, da la sensación de que tampoco Obama (algo intentó Clinton en su día) lo va a conseguir. Y sin conocer la situación de primera mano, cuando un país – continente con doscientos años de vida rechaza la implantación de un sistema generalizado y subsidiado, por algo será.




