Acabo de renovar una línea de crédito con mi banco y vuelvo a constatar una vez más, lo injusto que es que el seguro tenga el San Benito de la letra pequeña.
Eso sí que es letra pequeña, y sino que se lo digan a los miles de españoles que han descubierto últimamente que tenían un suelo en sus hipotecas, aunque el Euribor no haga más que bajar y bajar.
Vuelvo a apelar a nuestras organizaciones sectoriales, para que pongan en marcha una urgente campaña de concienciación sobre nuestro trabajo. También, tenemos que conseguir educar a los clientes, hacerles comprender, que un seguro es un contrato y en consecuencia, tiene derechos y obligaciones para ambas partes, coberturas, límites y exclusiones.
Es indudable que una vez enseñados, nos supondrá más trabajo, pues el cliente será más crítico y pedirá más explicaciones, pero lo que nos gastamos en la venta, nos lo ahorraremos a la hora del siniestro.
Nosotros que vendemos fundamentalmente responsabilidad civil, siempre insistimos, entre otros aspectos, en la franquicia. Bendita franquicia que nos evita muchas tonterías. Muchos se olvidan cuando nos dan el parte, pero cuando se lo recordamos, en general reconocen que se lo dijimos, evitamos dar partes para nada y el cliente obtiene una respuesta sobre la marcha.
No, no es verdad que el seguro tenga letra pequeña, lo que ocurre es que el cliente no hace su parte del trabajo, que es leerse lo que firma, sobre todo ahora que con la legislación garantista de sus derechos, tiene varios días para devolver el seguro sin dar más explicaciones (para los que vendemos a distancia, 14 días).




