La Tercera Guerra Mundial se está librando actualmente entre los ciudadanos y los poderes fácticos por algo tan esencial como es la libertad.
Las operadoras quieren controlar el tráfico que pasa por sus redes, los gobiernos (todos, los supuestamente demócratas y los otros) quieren controlar y prohibir lo que no les conviene, y hasta Google empieza a dudar de sus propios principios esenciales.
Hace unos días Telefónica y Vodafone levantaron la bandera del miedo, diciendo que ante la avalancha de tráfico el sistema era insostenible, mentira. Vamos, quejarte de que tienes mucha demanda, con la que está cayendo. Orange declara que no, que a quien hay que cobrar es a quien genera el movimiento, ver google y compañía, otra barbaridad.
Los gobiernos, quieren mantener su fuerza coercitiva como hacían antiguamente, y no solo estamos hablando de China, Irán o recientemente la India. Francia está impulsando legislación cada día más intervencionista y el rebote en EEUU con las publicaciones de Wikileads sobre Afganistán, no auguran un espíritu muy liberal que digamos.
Los medios de comunicación, hasta hace poco propietarios del mango de la sartén y que no saben qué y cómo hacer para mantener su status que ven como se diluye como la arena de la playa en una mano.
Los alarmistas, los retrogradas, los analfabetos tecnológicos, todos ellos fuerzas muy poderosas y peligrosas contra el huracán de libertad que supone la red.
Para los que no me hayan entendido llegado este punto, estoy hablando de la neutralidad de la red.
Si hay una carretera y yo tengo un coche y esté cumple con las condiciones aceptables para circular, yo debo poder circular, sea grande o pequeño, feo o bonito, viejo o nuevo. Lo que pretenden las fuerzas del mal, es establecer reglas, hoy solo circulan los pares, los grandes pueden recorrer 100 km, los pequeños solo 20, hay peajes según para quien y con precios distintos, de forma que quien hasta ahora mandaba, pueda seguir mandando y distribuyendo el tráfico a su antojo.
No, no y no. Que el que quiera (por supuesto sin ir atropellando a nadie) circule, que su posicionamiento dependa de sus propios méritos, de su habilidad al conducir, de lo bien que mantenga el coche y de su capacidad de innovar y ofrecer soluciones a su público. Que sea libre de ir o volver, de parar (eso sí, en el área de descanso) de hacer más o menos kilómetros, pero que eso no venga impuesto.
Los malos nos amenazan con los fuegos del infierno, pornografía, descargas ilegales, robos cibernéticos, explotando uno de los instintos más primitivos, el miedo, para justificar El Gran Hermano.
La guerra será larga, muy larga y habrá victimas, muchas víctimas.




