La crisis está destapando una realidad muy extendida.
Son unos cuantos mis clientes que han tenido que entrar en concurso voluntario de acreedores.
Hasta aquí, mal asunto, pero la póliza de consejeros no se ve directamente afectada, puesto que lo que protegemos es el patrimonio personal de los consejeros y directivos, cuando alguien vaya directamente contra ellos.
Sin embargo, nos estamos encontrando con que van contra ellos, pero no como consejeros, sino como avalistas.
En estos últimos años de euforia crediticia, son muchas las empresas que se han endeudado.
Es que venían a ofrecerme el dinero, me dicen muchos. Hasta ahí todo bien, los tipos bajos, formalidades mínimas, dinerito fresco, condiciones muy light, pero claro, en muchas ocasiones, como se juega con la contabilidad para dar perdidas, el banco pedía el aval del dueño, la familia, etc…
Mientras todo va viento en popa a toda vela, perfecto, pero hay amigo, ahora ….
Los que tienen póliza de responsabilidad civil consejeros y directivos y reciben una demanda, normalmente del banco, me llaman esperanzados, ¡ oye ! te acuerdas de aquella póliza que me vendiste, pues te mando una reclamación que he recibido.
Entre cincuenta y cien páginas después, aprendo que la demanda es interpuesta contra D. José en calidad de avalista de un préstamo que no se ha podido atender.
¿hombre, pero si soy el mismo? ¿no decías que se protegía mi patrimonio personal? Vaya mierda de seguro, ya estamos siempre igual.
Cierras los ojos, tragas saliva y consciente de que te enfrentas a una larga clase de derecho (menos mal que lo estudie) intentas explicar, que la misma persona puede ser marido, padre, empresario y practicante de escalada, pero que cada papel conlleva sus propias responsabilidades, y que por tanto, la póliza te protege de los posibles errores y omisiones como administrador, eso y solo eso. No como avalista, no como conductor, no como hincha de tu equipo.
Lo peor, es que sabes que no sirve de nada. D. José lo está pasando realmente mal, su empresa, su trabajo, su familia que con tanto trabajo y esfuerzo a levantado y mantenido, se hunden. Esos proveedores tan majos, esos clientes tan satisfechos, esos bancos que te invitaban a comer día si y día también, ¿Dónde están? Y ahora el del seguro también me deja tirado. D. José no quiere entender.
No es verdad, y posiblemente D. José lo tenga que comprobar en futuras demandas que va a recibir, Hacienda que somos todos, la Seguridad Social, y otros socios que tenemos; en ese momento estaremos allí, pero mientras tanto, que nos sirva de lección, no avales nunca, si el préstamo te lo pueden dar con tus cifras bien, sino, déjalo.




