Lunes 9 agosto, dos personas en la correduría en un equipo de 5, las compañías en cuadros y 164 correos, como si de un 25 de marzo cualquiera se tratase.

 

Ni que decir tiene que el equipo bastante agobiado, y uno de los correos que nos pide una responsabilidad civil para reses bravas. Se piden aclaraciones al cliente, que nos específica que se trata de un seguro para una capea.

 

La tentación ante la sobre carga de trabajo es decir que no tenemos cobertura, lo cual es cierto, pero fiel a nuestra filosofía de encontrar soluciones a los clientes, pedimos cobertura a otro colega, más cruces de correos, pidiendo datos del tomador, mandarlos al colega y el miércoles mandamos presupuesto, la capea era para el sábado 14.

 

El jueves ante la inminencia del evento y la falta de respuesta del cliente, le hacemos ver la urgencia de tomar una decisión y nos contesta que no lo ha podido organizar y que disculpemos las molestias.

 

Ciertamente no es culpa suya, pero tampoco nuestra y hemos tenido que priorizar su tema por una prima de 153 €, con una comisión a compartir entre dos corredurías para que al final el trabajo no sirva para nada.

 

Como esté hay miles de ejemplos que se repiten todos los días en todas las corredurías, solo que cuando se da en circunstancias tan adversas para el normal funcionamiento de la empresa, creo que es legítimo volver a preguntarse ¿no deberíamos cobrar un mínimo para cubrir al menos una parte de los gastos?