Muchas son las dificultades que nos encontramos para que nuestros proveedores, las compañías, comprendan lo esencial que es el tiempo para nosotros.

 

Primero lo es, porque internet es esencialmente inmediatez y por tanto, los procesos que por distintas razones, no puedan serlo, deben estar lo más cercano a esta realidad.

 

Pero esencialmente lo es por el aspecto psicológico. En el asesoramiento tradicional, el corredor se ha presentado en las oficinas del cliente o viceversa, han hablado de temas comunes, de la liga y de la crisis, luego han hablado del seguro en concreto. Más adelante se ha producido un cara a cara discutiendo las distintas opciones de seguro y finalmente se ha escogido una opción, por lo que se ha creado una cierta empatía entre proponente y decisor, que le da al decisor una sensación de estar “en buenas manos”, aunque luego los presupuestos y / o la póliza tarden en llegar.

 

En la venta por internet, el cliente se ha calculado un precio o ha hecho una consulta, ha mantenido una conversación con un señor o señora que igual puede estar a 10 km que a 300, que eventualmente le ha mandado otros presupuestos, se ha puesto al telf. cada vez que ha surgido una duda y por fin, se ha decidido comprar.

 

Sin embargo, se crea un gusanito de duda en el espíritu del que ha tomado la decisión, ¿vendrá la póliza? ¿será igual que lo que me han contado?, bueno, lo único bueno es que pagar no he pagado todavía,…ya veremos.

 

Por eso es esencial que la póliza nos llegue en seguida, por lo menos en PDF. El cliente tiene que ver que lo que ha comprado está ahí, que es real.

 

Este concepto de urgencia, se suele confundir con el abuso muy habitual practicado por muchos compañeros, que cada vez que piden algo, todo es urgente. Yo mismo lo sufrí durante los años en que fui director de sucursal.

 

Esto se suele dar, bien por la propia inseguridad del mediador que quiere correr para ver si coloca el producto cuanto antes, sea como sea, o bien, porque su experiencia de servicio ha sido negativa y por tanto espera que poniendo la palabra urgente, se haga en un plazo normal.

 

Aunque la palabra sea la misma, el sentido es completamente distinto. En nuestro caso, la urgencia (salvo cuando está justificada o nos engañan los clientes) es la esencia de nuestro servicio, mientras que la otra, en general, es una actitud, casi una muletilla, que a fuerza del abuso pierde su sentido.