Mi objetivo es ofrecer un punto de encuentro y reflexión sobre el mundo de los seguros a sus principales participantes; clientes, compañías y corredores. Compartir con nuestros colegas los corredores una reflexión sobre el futuro de nuestro sector, trasladar a las compañías las necesidades de nuestros clientes y explicar al cliente final, el conjunto de riesgos a los que se enfrenta, ofreciendo las respuestas aseguradoras que existen.
Hace unos días hemos recibido la denuncia de un cliente, distribuidor de material de construcción, que le han vuelto a entrar en la nave y a parte de los pequeños destrozos, se han llevado; LOS DISCOS DUROS.
Varias reflexiones se me juntaron a la vez, en cuanto al robo le informé al cliente que el coste del disco estaba cubierto, pero que los datos no. Segundo pensé, vaya gilipollez molestarse en llevarse solo el disco duro y no la CPU entera. Tercero, ¿qué raro?, ¿no será que alguien quiere ocultar algo?.
Pero pasando de lo particular a lo general, se me plantea un riesgo mucho mayor. Hoy por hoy, y cada vez más, lo más importante de un negocio, no es lo que tiene, sino lo que sabe. Al fin y al cabo, si te roban algo material, se podrá indemnizar o reponer, pero la experiencia y el conocimiento acumulado durante años, tiene difícil reconstrucción, cuando no imposible en algunos casos.
Dos riesgos críticos se me ocurren, la responsabilidad civil por uso fraudulento de los datos y la pérdida de beneficios.
Hace unos meses o quizás algo más de un año, detuvieron a una banda organizada que se dedicaba a asaltar los ordenadores de los ayuntamientos de la zona norte de Madrid, en donde figuraban muchos datos de los ciudadanos. ¿Qué ocurre si a una persona o a una empresa, le estafan gracias a “mis datos”?. ¿es impensable que el estafado, si logra reunir las pruebas suficientes, no repita contra mí?.
A priori, la idea repugna. Encima que me han robado, que culpa tengo yo. Pero ponte en el lugar del otro, gracias a la información que obtuvieron en tu disco duro, me han podido presentar una factura falsa y yo he pagado un montón. Tu además no me avisaste de que te habían robado, por lo que no pude tomar las medidas de precaución adecuadas y tu deber “in vigilando” unido a legislaciones tipo LOPD, de carácter cuasi objetivo, hacen que te considere responsable subsidiario, al menos hasta que no se encuentre a los culpables.
Otro gran riesgo, la pérdida de beneficios. Saber a quién vendo, cuanto, cuando y con qué facilidades de pago; o al revés, a quien compro, cuanto y como pago, son factores críticos que a medio plazo me pueden afectar seriamente.
Compliquemos un poco más el asunto, con las nuevas tecnologías, y dado que la inmensa mayoría de las empresas están conectadas a la red, el robo, se puede producir cibernéticamente.
Algún día, el seguro deberá dar respuestas a estas necesidades.