SER EMPRESARIO

Asisto desde hace unos días, no sin cierta perplejidad, al linchamiento al que se somete al Sr. Díaz Ferran.

Indudablemente, cuando una empresa fracasa, se generan muchos perjuicios, a clientes, a proveedores, a los trabajadores, pero quién se acuerda en ese momento del empresario, de su familia, de su situación personal.

El empresario, que siempre ha estado solo, ahora se encuentra además acompañado de las deudas. Se crea un nudo en el estómago, falta el aíre para respirar, miras a derecha e izquierda y todo el mundo o mira para otro lado o te mira mal. 

¿Alguien en su sano juicio cree que al empresario le apetece fracasar? Lamentablemente seguimos anclados en el discurso decimonónico del patrono explotador. 

Copiando a Fernando Trías de Bes, en El Libro Negro del Emprendedor “El empresario es la persona que se mueve en un mundo incierto para que los que trabajan para él crean que ese mundo es seguro”. Ojala fuese tan fácil.

Influyen cientos de factores, la elección del negocio, la elección de las personas, la financiación, la situación general y la suma de aciertos y errores, que en ocasiones hacen que uno fracase. Bastante dura y difícil es la situación, bastante solo se encuentra uno, como para que encima te señalen con el dedo.

Pues sí, ha fracasado, y mucho le costará. Le perseguirán los deudores, tendrá que ingeniárselas y negociar una salida, buscar el menor mal posible, pero al fin y al cabo, no ha matado a nadie, y la inmensa mayoría de los perjudicados en un plazo más breve que largo, encontrarán soluciones, mientras que el empresario igual lo pierde todo, absolutamente todo.

En fin, que todavía nos queda mucho por recorrer en este país.

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